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Mensaje ilustrado

TÍTULO: Robo Menor

OBJETO: Muñequito o juguete

DOCTRINA: Justificación

HISTORIA CON EL OBJETO

Mi hermano y yo a la edad de ocho años fuimos de compras con mi madre y mientras ella metía en el carrito las cosas que iba comprar, nosotros nos fuimos al área de juguetes. Pensando que nadie nos veía, empezamos a sacar los muñequitos de la guerra de las galaxias y meterlos en nuestros bolsillos. Cuando ya estábamos en la cola para que mi madre pagara, el guarda de la tienda llamó a mi madre aparte y le dijo lo que nosotros llevábamos en nuestros bolsillos. Mi mamá se puso pálida, y no le quedó más remedio que pagar por los muñequitos. Al llegar a casa, nos echó la bronca y nos castigó por casi tres meses.

TRANSICIÓN A LO ESPIRITUAL

Esto me hace pensar en la vida de todos nosotros. Así como mi hermano y yo avergonzamos a mi madre robando los muñecos en la tienda, la humanidad entera hemos avergonzado a nuestro Padre celestial haciendo cosas incorrectas una y otra vez.

EL PROBLEMA (LEY)

Cuando usamos su nombre en vano, lo avergonzamos; cuando herimos y engañamos a otros, le avergonzamos; con nuestras actitudes egoístas, con nuestros pleitos, con nuestro celos, con nuestras contiendas, avergonzamos a Dios.

LAS CONSECUENCIAS (ETERNIDAD)

Todos moriremos algún día y tenemos que presentarnos ante nuestro Padre celestial y dar cuenta de todo aquello que hemos hecho. Al final nos juzgará y no podremos decir que fuimos buenos porque las pruebas están en nuestra contra y Él nos tendrá que castigar; nos tendrá que echar fuera, lejos de Él.

LA SOLUCIÓN (CRUZ)

Así como mi madre pagó por el robo que nosotros habíamos cometido, también Dios pagó por todo nuestros pecados; envió a su único hijo, a Jesucristo, a morir de la manera más cruel en una cruz. Derramó toda su sangre, desnudo, destrozado, para que tú y yo tuviéramos una segunda oportunidad, para que no tuviéramos que pasar una eternidad en el infierno.

LLAMADO (ARREPENTIMIENTO Y FE)

Lo que Dios te ofrece hoy es perdón por medio de la muerte de su hijo, Jesucristo. Si quieres recibir ese perdón, se lo tienes que pedir con todo tu corazón, arrepentido, venir a sus pies y clamar por misericordia. Él demanda que dejes tu pecado atrás y que pongas toda tu fe, toda tu confianza en el único que dio todo por ti, en Jesucristo.

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