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Mensaje ilustrado

TÍTULO: Rescatado

OBJETO: Pollito

DOCTRINA: Redención

HISTORIA CON EL OBJETO

Cuando era niña, los veranos iba a visitar a mi abuela en su casa del pueblo y ella tenía muchas gallinas. En el patio había un agujero grande en el suelo y como las gallinas son un poco tontas, uno de los polluelos se cayó en el agujero. Puesto que yo era la mas pequeña y la única que podría caber en ese hoyo lleno de excremento, mi abuela me pedía que yo rescatara al pollo. Me ató una cuerda en la cintura y me bajó por el agujero para rescatar al pobre pollito. Batallé un rato porque no se dejaba coger, y el olor era nauseabundo. Al agarrar al pollo, me llenó de excremento por todo el cuerpo, pero al final lo rescaté. Y a partir de ese momento, ese pollito fue mío porque yo lo había rescatado.

TRANSICIÓN A LO ESPIRITUAL

Este pollito se parece a nosotros, bastante tonto, metido en un hoyo, lleno de excremento, y además sin querer ser rescatado.

EL PROBLEMA (LEY)

¿Cómo nos hemos metido nosotros en este hoyo de excremento? Pues, con la vida que llevamos, con las cosas que hacemos diariamente, envidias, celos, contiendas, blasfemias, idolatrías, hechicerías, iras, odios... participamos en todo tipo de aberraciones y por lo tanto estamos llenos de porquería, llenos de excremento.

LAS CONSECUENCIAS (ETERNIDAD)

La mala noticia es que el día que muramos, en esa condición no podremos pasar nuestra eternidad con el que nos dio la vida, con Dios, y seremos echados fuera en un lugar de tormento que nuestras rebeliones merecen, el infierno.

LA SOLUCIÓN (CRUZ)

Pero la buena noticia es que así como yo rescaté al pollo metiéndome en la porquería, un hombre vino a este mundo pecaminoso para rescatarnos. Caminó entre nosotros, pero sin nunca participar de nada malo de lo que nosotros hemos hecho. Se dejó matar en una cruz para así poder pagar el precio de nuestro rescate. Jesucristo nos ama tanto que se dio a sí mismo para que tuviéramos vida.

LLAMADO (ARREPENTIMIENTO Y FE)

Pero para que nos pueda limpiar de nuestra maldad y abrirnos la puerta del cielo, hay que pedírselo. Él demanda de nosotros que nos arrepintamos y que le entreguemos nuestra vida a Él. Cristo te rescatará y te limpiará para que puedas estar con Él para siempre.

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