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Mensaje ilustrado

TÍTULO: El maquillaje

OBJETO: Dos fotos de una mujer: antes y después de maquillar

DOCTRINA: Santificación

HISTORIA CON EL OBJETO

Me dedico a maquillar y para hacer un buen maquillaje el protocolo a seguir es tapar primero las imperfecciones. Tapamos todo aquello que no queremos que se vea (granos, manchas en la piel...), y después, se pone una buena base de maquillaje y la mujer no parece ni la misma. Cuando se lava la cara y se quita todo el maquillaje, aparecen de nuevo sus imperfecciones; el maquillaje solo le tapó por un tiempo sus defectos.

TRANSICIÓN A LO ESPIRITUAL

Esto me recuerda a nuestras vidas que están llenas de imperfecciones. Tratamos de tapar todo lo malo que hemos hecho con nuestras buenas obras y nuestras buenas excusas, pero al final aparece delante de nosotros una vez más nuestra realidad: nuestro pecado es imposible de borrar con nuestras fuerzas.

EL PROBLEMA (LEY)

Albergamos rencor y odio que al final se convierte en una gran mancha en nuestro corazón, usamos la mentira cada vez que queremos salir de un aprieto, robamos cosas y nos excusamos diciendo que era algo pequeño o que en estos tiempos de crisis necesitábamos hacerlo, miramos a otro hombre o mujer con lujuria y decimos que solo lo pensamos pero en realidad cometimos adulterio en el corazón. Al final nos encontramos con un corazón tan manchado por el pecado que ni el mejor maquillaje de buenas obras o excusas puede borrarlo.

LAS CONSECUENCIAS (ETERNIDAD)

Dios es justo y llegará el día en que nos juzgará, y cuando vea cada una de nuestras imperfecciones (cada pecado), no nos dejará entrar en su cielo santo y perfecto. Él será justo y castigará el pecado, enviándonos al infierno.

LA SOLUCIÓN (CRUZ)

Dios no se conformó con esta realidad, y por eso envió a Jesucristo a la tierra a morir en la cruz para darnos un corazón limpio apto para entrar en el cielo. Tan solo alguien perfecto que jamás hubiese pecado podría limpiar nuestro corazón por completo de la mancha del pecado,

LLAMADO (ARREPENTIMIENTO Y FE)

Nuestros intentos por cubrir nuestras imperfecciones siempre son fallidos e insuficientes. Arrepiéntete de corazón, pidiéndole perdón a Dios y dándole la espalda a tu pecado. Pon tu fe en Jesucristo, el único que tiene poder para perdonarte y limpiar tu corazón.

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