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Mensaje ilustrado

TÍTULO: La puerta

OBJETO: Réplica de una puerta con mirilla

DOCTRINA: Reconciliación

HISTORIA CON EL OBJETO

Me encanta este tipo de puertas con mirilla. Alguien llama a la puerta y le echas un vistazo por la mirilla para ver quién es. Si ves que es un amigo, abres la puerta y le invitas a entrar. Nuestras casas son privadas para nosotros y no damos la bienvenida ni a los extraños, ni a los enemigos.

TRANSICIÓN A LO ESPIRITUAL

Un día vamos a estar llamando a la puerta de Dios. “Dios, Dios, déjame entrar.” Dios echará un vistazo por la mirilla a ver si eres amigo o enemigo. La pregunta es: ¿eres amigo o enemigo de Dios? Dios dice que sus amigos obedecen sus mandamientos

EL PROBLEMA (LEY)

Vamos a ver si eres amigo o enemigo de Dios. Un mandamiento dice: “honrarás a tu padre y a tu madre”. Si te han disciplinado alguna vez por desobediencia, no has guardado el mandamiento de Dios. Otro mandamiento dice: “no matarás”. Dios juzga lo que hay en el corazón también y dice que si has guardado rencor en tu corazón contra alguien, es como si hubieras matado a esa persona en tu corazón. ¿Qué hay del mandamiento que dice “no robarás”? Si has cogido algo que no era tuyo, aunque fuera de poco valor, has quebrantado los mandamientos de Dios.

LAS CONSECUENCIAS (ETERNIDAD)

Creo que todos nos hemos hecho enemigos de Dios por no obedecer sus mandamientos. Si morimos en este estado, cuando Dios nos mire por la mirilla de la puerta, no nos dejará entrar en su casa.

LA SOLUCIÓN (CRUZ)

La buena noticia es que el Hijo de Dios, Jesucristo, nos reconcilió con Dios. Cuando Jesucristo murió por nuestros pecados y resucitó, Él hizo una nueva puerta al cielo. Él dijo: “Yo soy la puerta” y “nadie viene al Padre sino por mí”.

LLAMADO (ARREPENTIMIENTO Y FE)

Nadie va a entrar al cielo por ser buena persona; todos hemos quebrantado los mandamientos de Dios. Nuestra única esperanza es arrepentirnos de nuestros pecados y poner toda nuestra confianza en lo que hizo Jesucristo por nosotros en la cruz, reconciliándonos con Dios. Arrepiéntete hoy y entrega tu vida a Jesús como tu Señor y Salvador. Entonces, cuando Dios te mira a través de su mirilla, te va a reconocer como su amigo y te dará la bienvenida al cielo.

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