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LA BALA

Un hombre tenía una escopeta en casa y un día su hijo desobedeciendo las órdenes de su padre de no usarla nunca, la cogió y se puso a jugar con ella. Desgraciadamente, se le disparó y la bala se le incrustó en la cabeza.

Enseguida le llevaron al hospital, le metieron al quirófano pero no consiguieron extraer la bala. Para un caso tan complejo como el suyo solo había un médico que podía tratarle y casualmente estaba en la ciudad. Ahora la bala sigue en su cabeza pero él está vivo.

Nosotros actuamos igual que ese hijo. Cogemos cosas que pueden dañarnos participando en engaños, mentiras, robos y terminamos heridos de muerte. Un día daremos cuenta de nuestra vida ante Dios y nuestra sentencia será de muerte eterna por nuestro pecado, en un lugar de angustia y desesperación.

Pero así como un médico salvó a ese hijo, hay un médico mejor que nos salvó en la cruz llevando todas nuestras balas de pecado, su nombre es Jesucristo. Él resucitó, venció a la muerte y ahora nos puede dar vida eterna.

Arrepiéntete, pídele perdón hoy y ríndete completamente a El.

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